Firma en tableta · Firma biométrica · Desde 1996
Firma digitalizada en tableta: qué se puede peritar y qué no
Firmó con un lápiz de plástico sobre una pantalla en el banco, en la tienda del teléfono o cuando le trajeron un paquete. Ahora aparece esa firma en un contrato que usted dice que no aceptó, o en una entrega que no recibió. La pregunta es razonable: si no hay papel ni bolígrafo, ¿se puede peritar? A veces sí, y con más información que en el papel. Y a veces no queda nada que peritar. Depende de algo que casi nadie pregunta a tiempo.
En corto · ¿Se puede peritar una firma hecha en una tableta?
Depende de lo que guardara el aparato. Si guardó los datos biométricos del trazo —coordenadas, tiempos, presión, velocidad—, se puede peritar, y con más información que en un papel. Si solo guardó una imagen plana de la firma, se pierde casi todo y el estudio queda muy limitado. Y si lo que hay es una firma escaneada y pegada, la pregunta ya no es si es auténtica, sino de dónde se copió: eso sí se demuestra.
Tres cosas distintas que la gente llama «firma digital»
Esta confusión no es un detalle: decide si su caso es nuestro o no lo es. Bajo el mismo nombre se meten tres cosas que no tienen nada que ver entre sí, y solo dos de ellas se peritan comparando escrituras.
- 1. Firma electrónica con certificado
- Es la del DNI electrónico, la del certificado de la FNMT, la de Cl@ve. Aquí no hay trazo de nadie: hay una operación criptográfica. Que esa firma sea válida o no es un asunto de certificados, claves y registros informáticos, no de escritura. Eso no lo perita un perito calígrafo, lo perita un informático forense. Si le dicen lo contrario, desconfíe. Lo decimos aunque nos quite trabajo, porque encargar aquí el peritaje equivocado cuesta dinero y tiempo de plazo.
- 2. Firma digitalizada o biométrica
- Usted coge un lápiz y firma sobre una pantalla sensible: una tableta digitalizadora, el aparato del repartidor, la pantalla del mostrador del banco. Su gesto es el mismo que haría en un papel, y el aparato lo registra. Esta sí se perita, y es de la que habla esta página.
- 3. Imagen de firma insertada en un documento
- Alguien escaneó o fotografió una firma hecha a bolígrafo y pegó ese dibujo en un PDF o en un Word. No hay gesto nuevo: hay un recorte. También se perita, pero la pregunta cambia por completo, y es el caso en el que más veces se llega a una conclusión clara.
La firma biométrica: si el aparato guardó los datos, hay más que en el papel
Esto sorprende a casi todo el mundo, y conviene decirlo pronto. Cuando firmamos en un papel, el trazo que queda es el resultado final de un gesto, y el trabajo del perito consiste en reconstruir el gesto a partir del rastro: por dónde entró el bolígrafo, dónde apretó, en qué orden se hicieron los trazos, dónde se levantó. Son deducciones, buenas pero deducciones.
Una tableta que capture datos biométricos no deduce nada: lo mide. Según el aparato y según cómo esté configurado, puede guardar la posición del lápiz muchas veces por segundo, el tiempo exacto de cada punto, la presión que se ejerce en cada momento y los tramos en los que el lápiz viaja por el aire sin tocar la pantalla. Con eso se obtienen cosas que en un papel no están:
- La velocidad real de cada tramo, y no una estimación a partir del grosor del trazo.
- El ritmo: las paradas, las dudas, los arranques. Una firma auténtica tiene un ritmo propio y bastante estable; una imitación va más despacio en los sitios donde el imitador mira el modelo.
- El orden de los trazos, que en el papel hay que deducir de los cruces y aquí viene dado.
- Los recorridos en el aire entre un trazo y el siguiente, que en un papel simplemente no existen como dato.
Por eso, cuando los datos están, una firma biométrica es terreno favorable. El problema casi nunca es técnico: es que nadie pidió esos datos a tiempo.
Lo que hay que pedir no es el PDF. Cuando usted reclama, lo normal es que le manden el contrato en PDF con su firma dibujada dentro, o un papel impreso. Eso, para un peritaje, vale muy poco: es la fotografía del resultado. Lo que hace falta es el registro de la captura: el archivo de datos biométricos asociado a esa firma, con las coordenadas y los tiempos, y los datos del aparato con el que se firmó. Pídalo por escrito y desde el principio, a través de su abogado. Si pasa el tiempo y la empresa ya ha purgado los registros, no hay vuelta atrás.
Si solo guardaron un dibujo de la firma, se pierde casi todo
Muchos sistemas, sobre todo los más baratos y los de reparto, no guardan datos biométricos: guardan una imagen del trazo, como si fuera un garabato hecho en un programa de dibujo. Cuando eso es lo único que existe, hay que decirlo con claridad, porque lo que queda es poco y frágil:
- No hay presión. Desaparece uno de los elementos más personales de la escritura y uno de los que más delatan una imitación.
- No hay surco ni tinta. Todo el trabajo que en el papel se hace sobre el soporte —relieve, cruces de tinta, raspados— aquí no tiene objeto.
- El trazo está deformado por el aparato. Las pantallas toman muestras a intervalos, así que las curvas se convierten en series de pequeños segmentos rectos, las puntas se recortan y los rasgos más rápidos se aplanan. Dos firmas auténticas de la misma persona hechas en dos aparatos distintos pueden parecer más diferentes entre sí que de una imitación.
- La superficie cambia el gesto. Firmar de pie, sobre un cristal resbaladizo, con un lápiz de plástico sin punta y en un recuadro que no es del tamaño de su firma, produce una firma que no se parece a la del DNI. Eso no significa que sea falsa: significa que hay que compararla con material obtenido en condiciones parecidas.
En estos casos nuestra conclusión suele quedarse en términos de probabilidad, o directamente en que el material no permite pronunciarse. Preferimos decírselo antes de que gaste el dinero. Y conviene saber otra cosa: ese mismo límite juega a su favor si es a usted a quien le enseñan una imagen de firma como prueba de que aceptó algo, porque una imagen plana es una prueba débil y se puede discutir.
La firma escaneada y pegada: aquí la pregunta es otra
Este es el caso más frecuente en documentos de empresa, y el que da conclusiones más rotundas. Alguien tiene una firma suya auténtica en algún sitio —un albarán viejo, un contrato anterior, un correo escaneado— y la recorta y la pega en un documento nuevo.
Aquí no tiene sentido preguntar si la firma «es suya»: lo es, porque está copiada de una firma suya de verdad. La pregunta correcta es si ese gesto se hizo para ese documento. Y eso se demuestra con un argumento que no admite mucha discusión: una persona no firma dos veces exactamente igual. Nunca. Toda escritura auténtica tiene una banda de variación propia, y dentro de esa banda no hay dos repeticiones idénticas. Si la firma del documento coincide con otra firma suya punto por punto —el mismo contorno, los mismos accidentes, la misma manchita en el mismo sitio—, no hay dos firmas: hay una firma y una copia.
Lo que se mira entonces es el documento como archivo y como imagen: si la firma tiene un borde o un fondo distinto del resto de la hoja, si su resolución no es la misma que la del documento que la rodea, si está girada, si se repite igual en varios documentos de fechas distintas, si tiene restos del papel original. Es trabajo de documentos alterados más que de comparación de escrituras, y en la práctica es donde más veces se llega a una conclusión categórica.
Qué conserva valor y qué conviene hacer el primer día
Lo urgente aquí no es contratar un peritaje: es asegurar que exista algo que peritar. Por orden:
- Pida el archivo, no la impresión. El documento electrónico original, tal como lo guardó la empresa, con sus datos asociados. Un PDF reimprimido o un papel escaneado pierde justo lo que hace falta.
- Pida el registro biométrico de esa firma concreta y los datos del dispositivo y de la fecha y hora de captura.
- Pida los demás documentos en los que aparezca su firma digitalizada con esa empresa. Si el mismo dibujo aparece idéntico en varios, eso ya es un resultado.
- No firme nada más en esa pantalla mientras el asunto esté abierto, y guarde copia de todo lo que firme.
- Reúna material de comparación del mismo tipo: otras firmas suyas hechas en tableta, no solo las del papel. Es lo que más nos falta en estos casos.
Si el documento llega a un pleito y usted niega que esa firma la hiciera para ese documento, lo que viene después es el cotejo de letras: el mismo procedimiento que en el papel, con la particularidad de que aquí los documentos de comparación y los datos de captura hay que pedirlos a quien los tiene. Y si lo que le enseñan es un informe hecho por la otra parte sobre una imagen plana, merece la pena leerlo con cuidado: es terreno donde se concluye más de lo que el material permite, y eso es exactamente lo que se discute al impugnar un informe pericial.
Lo que no podemos decirle
Con una firma hecha en una pantalla no se puede averiguar si usted leyó lo que firmaba, ni si le explicaron bien lo que estaba aceptando, ni si el texto que hoy aparece en el documento es el que estaba en la pantalla aquel día. Esa última es la pregunta que más nos hacen y la respuesta honrada es que, en un documento electrónico, el texto y la firma son datos separados: que el texto sea el original o no es cuestión de los registros del sistema, no del trazo. En el papel esa pregunta sí tiene respuesta por los cruces de tinta; en una pantalla, no. Conviene saberlo antes de encargar nada.
Preguntas frecuentes sobre la firma digitalizada
Firmé con el dedo en el móvil del repartidor. ¿Eso se puede peritar?
Casi nunca con resultado útil. Una firma hecha con el dedo sobre una pantalla pequeña no reproduce su gesto: cambia el tamaño, desaparece el control fino y el aparato suele guardar solo una imagen tosca. Lo que sí se puede discutir es el valor de esa firma como prueba de que usted recibió algo, que es otra vía y suele ser la buena.
¿Qué tengo que pedirle al banco o a la empresa?
El documento electrónico original con su firma, el registro de datos biométricos de esa captura (coordenadas, tiempos y presión), los datos del dispositivo y la fecha y hora en que se firmó. Pídalo por escrito y cuanto antes: estos registros se borran con el tiempo y, cuando ya no están, el peritaje se queda sin material.
La firma de la tableta no se parece nada a la de mi DNI. ¿Es prueba de que es falsa?
No por sí sola. Firmar de pie, sobre cristal y con un lápiz de plástico en un recuadro estrecho produce una firma distinta de la que usted hace sentado con un bolígrafo. Es una diferencia esperable. Para pronunciarse hace falta comparar con firmas suyas hechas en condiciones parecidas, y eso es justo lo que pedimos al empezar.
Mi firma aparece igual que en otro contrato que sí firmé. ¿Eso es bueno o malo?
Si es parecida, es normal. Si es idéntica punto por punto, es un hallazgo importante a su favor: nadie firma dos veces exactamente igual, así que una coincidencia exacta indica que se copió una imagen y no que usted firmara ese documento. Conserve los dos documentos y no los modifique.
¿Vale un peritaje sobre el PDF que me han enviado?
Se puede hacer, pero el alcance es corto y hay que decirlo en el informe. Un PDF con la firma dibujada dentro permite estudiar la imagen —si está pegada, si se repite, si su resolución es distinta— pero no el gesto. Para estudiar el gesto hacen falta los datos de la captura.
La empresa dice que la firma es electrónica y está certificada. ¿Puede usted rebatirlo?
Si de verdad es una firma con certificado, no: eso se comprueba con los registros criptográficos y es trabajo de un informático forense, no nuestro. Lo decimos aunque nos quite el encargo. Lo que ocurre a menudo es que llaman «firma certificada» a una firma digitalizada guardada en un sistema con sello de tiempo, y eso sí es nuestro terreno.
¿Se puede saber si la firma se hizo el día que dice el documento?
En el papel hay vías indirectas, sobre todo el orden de los trazos respecto del texto impreso. En una pantalla, no: la fecha de una firma digitalizada es un dato del sistema, no del trazo. Si se discute la fecha, lo que hay que examinar son los registros informáticos.
¿Sirve el informe para el juzgado?
Sí. El informe se redacta con los requisitos de un dictamen pericial y se ratifica ante el tribunal si hace falta, igual que en cualquier otro peritaje de firmas. La diferencia está en el material: hay que dejar documentado qué se pidió, qué se entregó y qué no, porque la falta de datos de captura es en sí misma un dato relevante para el juez.
Actualizado el · Esteban Saura, perito calígrafo colegiado nº 4828